
Sección
RAÍCES
Cuerpos que se reconstruyen en colectivo, se unifican, se forman generando representaciones desde la cultura, desde su visión de la realidad.
Hay canciones que no se van con quien las canta
Hay artistas que uno escucha y artistas que, sin darse cuenta, terminan creciendo con uno. Piero fue de esos últimos.

Por: Josmar Sneyder Gualdrón Araújo

Su muerte me hizo pensar en algo que pocas veces nos detenemos a considerar: la cantidad de recuerdos que podemos guardar dentro de una canción. Porque uno no siempre recuerda cuándo escuchó una melodía por primera vez, quién la puso o en qué lugar sonaba. A veces, sencillamente, esa música ha estado ahí desde siempre. Y cuando uno crece con ella, termina convirtiéndose en parte de su historia.
En mi caso, Piero fue parte de mi infancia. Sus canciones estuvieron ahí mientras yo era un niño que todavía no entendía demasiado del mundo, de las despedidas ni del paso del tiempo. Canciones como La Sinfonía Inconclusa en la Mar pertenecen a ese universo de la niñez en el que la música podía convertir cualquier cosa en una aventura. Uno cantaba, se divertía y seguía con su vida sin imaginar que, muchos años después, aquellas melodías iban a tener otro significado.
Porque crecer también consiste en eso: descubrir que muchas de las cosas que parecían pequeñas terminan siendo enormes cuando las miramos desde la distancia.
Piero no fue solamente un cantante que sonaba en la infancia de muchas personas. Fue una de esas voces que consiguieron instalarse en la memoria familiar, atravesando generaciones y acompañando momentos que probablemente nunca supo que estaba acompañando. Y eso, a mi juicio, es una de las formas más bonitas de trascender.
Su historia también tiene un lugar especial en Colombia. Aunque nació en Italia y desarrolló buena parte de su carrera en Argentina, encontró en nuestro país un hogar y un público que hizo suyas sus canciones. Aquí su música se mezcló con la vida cotidiana, con las reuniones familiares y con esos recuerdos que no necesitan una fotografía para permanecer intactos.

Pero hay algo que me resulta todavía más interesante: Piero no se quedó en una sola emoción. El hombre que nos llevó a imaginar una sinfonía en el fondo del mar también cantó sobre los padres, la dignidad, la libertad y las inconformidades de su tiempo. Su repertorio podía llevarnos de la alegría infantil a la reflexión social. Quizá por eso su legado no se agota en una canción ni en una generación.
Hoy, sin embargo, me quedo pensando en el niño que fui y en todas esas canciones que escuchó sin saber que algún día las recordaría con nostalgia. Es extraño cómo funciona la memoria: uno puede olvidar conversaciones enteras, perder de vista lugares en los que fue feliz y dejar atrás etapas de su vida, pero basta con escuchar unos segundos de una canción para regresar, aunque sea por un instante, a un lugar al que ya no puede volver.
Tal vez por eso la muerte de un artista que nos acompañó durante la infancia se siente diferente. No significa que lo hayamos conocido ni que su partida nos afecte de la misma manera que la de alguien cercano. Significa que su voz estuvo presente en una etapa irrepetible de nuestra vida y que, de alguna forma, ayudó a construir la banda sonora de quienes llegamos a ser.
Pero hay algo que me resulta todavía más interesante: Piero no se quedó en una sola emoción. El hombre que nos llevó a imaginar una sinfonía en el fondo del mar también cantó sobre los padres, la dignidad, la libertad y las inconformidades de su tiempo. Su repertorio podía llevarnos de la alegría infantil a la reflexión social. Quizá por eso su legado no se agota en una canción ni en una generación.
Hoy, sin embargo, me quedo pensando en el niño que fui y en todas esas canciones que escuchó sin saber que algún día las recordaría con nostalgia. Es extraño cómo funciona la memoria: uno puede olvidar conversaciones enteras, perder de vista lugares en los que fue feliz y dejar atrás etapas de su vida, pero basta con escuchar unos segundos de una canción para regresar, aunque sea por un instante, a un lugar al que ya no puede volver.
Tal vez por eso la muerte de un artista que nos acompañó durante la infancia se siente diferente. No significa que lo hayamos conocido ni que su partida nos afecte de la misma manera que la de alguien cercano. Significa que su voz estuvo presente en una etapa irrepetible de nuestra vida y que, de alguna forma, ayudó a construir la banda sonora de quienes llegamos a ser.
No se trata de idealizar el pasado ni de creer que todo tiempo anterior fue mejor. Se trata de reconocer que hay cosas que nos acompañan durante tanto tiempo que terminan formando parte de nosotros. Y que, cuando esas voces se apagan, descubrimos cuánto significaban.
Piero murió, pero sus canciones siguen ahí. Y quizás esa sea la paradoja más hermosa de la música: quien la interpreta no puede quedarse para siempre, pero lo que despierta en los demás puede sobrevivirle durante décadas.
Yo me quedo con eso. Con las canciones, con los recuerdos y con la certeza de que aquel niño que alguna vez escuchó a Piero todavía existe en alguna parte de mí.
Porque hay artistas que pasan por nuestra vida y otros que se quedan a vivir en ella.
Piero, para mí, fue uno de esos.
Jhon Onofre, homenajeado en el Torneo Internacional del Joropo: un reconocimiento a la esencia llanera
Por: Josmar Sneyder Gualdrón Araújo

Jhon Onofre ha logrado consolidarse como una figura clave dentro del panorama del joropo. Su trabajo ha trascendido escenarios, llevando el sonido del arpa, el cuatro y las maracas a nuevas generaciones, manteniendo viva la esencia de un género que es patrimonio cultural. Su estilo, cargado de autenticidad y respeto por la tradición, ha sido fundamental para posicionar el joropo tanto a nivel nacional como internacional.
La versión 58 del Torneo Internacional del Joropo no será únicamente una fiesta de música y danza, sino también un espacio de reconocimiento a quienes han hecho del arte una forma de resistencia cultural. Jhon Onofre, como homenajeado, encarna ese espíritu: el de un artista que no solo interpreta el joropo, sino que lo vive, lo defiende y lo proyecta hacia el futuro.
En la versión 58 del Torneo Internacional del Joropo, uno de los eventos culturales más representativos del folclor colombiano, el nombre de Jhon Onofre resuena con fuerza como símbolo de tradición, identidad y legado. Su designación como homenajeado no solo reconoce una trayectoria artística destacada, sino también un compromiso profundo con la preservación y difusión del joropo como expresión viva del Llano.
Además, ya se encuentran confirmadas las fechas de realización del torneo, que se llevará a cabo del 13 al 16 de agosto del presente año en Villavicencio, epicentro tradicional de esta celebración que reúne música, danza y cultura llanera.
La noticia del homenaje fue anunciada por la actual gobernadora del Meta, Rafaela Cortés Zambrano, en un evento especial realizado en el sector de Usaquén, en la ciudad de Bogotá, durante el lanzamiento oficial del torneo. Este espacio reunió distintas expresiones culturales del Llano con el objetivo de proyectar la festividad a nivel nacional y fortalecer su posicionamiento como uno de los eventos más importantes del país.
El Torneo ha sido históricamente una vitrina para exaltar a los grandes exponentes del joropo. En este contexto, el homenaje a Onofre adquiere un significado especial: representa el reconocimiento a una vida dedicada al fortalecimiento de las raíces culturales que definen a una región.
Este homenaje no solo celebra su carrera, sino que también invita a reflexionar sobre la importancia de proteger y promover las manifestaciones culturales propias. En tiempos donde la globalización tiende a homogenizar las identidades, figuras como Onofre se convierten en guardianes de la memoria colectiva.

Raíces del Paraíso: El Barrio que Convirtió su Historia en un Museo Vivo a través del apoyo de estudiantes

Una plataforma digital rescata la identidad de El Paraíso (Bogotá) a través de fotomuseos, huertas humanitarias y la defensa del agua.

El agua es protagonista en esta crónica: Mapas interactivos trazan las quebradas La Vieja y Las Delicias, hoy entubadas pero vitales en la memoria hidrológica. Crónicas sonoras recogen testimonios: "Antes recogíamos agua limpia de la montaña; ahora luchamos contra la contaminación". Proyectos comunitarios para captar lluvia y filtrar aguas grises demuestran que la sostenibilidad nace desde abajo.
Agua: la savia del territorio
En un rincón del barrio, un terreno abandonado florece como huerta comunitaria: Tomates, lechugas y aromáticas crecen en camas elevadas construidas con material reciclado. Niños y abuelos aprenden agroecología, convirtiendo el cultivo en un acto político: "No esperamos al Estado; nosotros alimentamos nuestra gente", explica un líder en un audiovisual
En las laderas de los cerros orientales de Bogotá, donde el asfalto se mezcla con historias de lucha, nace "Raíces del Paraíso": un proyecto digital que teje memoria, ecología y comunidad. Más que un sitio web, es un acto de resistencia cultural que documenta cómo El Paraíso —un barrio obrero fundado en los años 60— ha transformado su territorio con las manos de sus habitantes.
El corazón: fotomuseo y memoria
La plataforma se ancla en un fotomuseo digital que narra la evolución del barrio: Imágenes históricas muestran las primeras invasiones, las carretas de arena y la construcción de casas de bareque. Retratos contemporáneos revelan calles empinadas, murales que gritan identidad y miradas de ancianos que atestiguan décadas de transformación. "Aquí no había luz, pero sí sobraba solidaridad", dice una leyenda junto a una foto en blanco y negro.

Cerros orientales: el muro verde que resiste
La plataforma expone la batalla por proteger los cerros: Galerías comparativas denuncian la deforestación y urbanización ilegal. Iniciativas de reforestación con especies nativas (arrayanes, uvos de monte) donde jóvenes plantan árboles como "actos de esperanza". Alertas vecinales contra proyectos inmobiliarios que amenazan el ecosistema.
Innovación digital al servicio del barrio
El diseño de la web realizado por los estudiantes María Camila Molano Nieto, Mateo Andrés Ramírez Galeano, Mariana Gama Torres, Valentina Vélez Méndez, Jorge Andrés Cediel Arévalo, es funcional y emotivo: Recorrido virtual por las cuestas del barrio, con puntos clicables que revelan historias. Archivo oral con voces de fundadores. Guías pedagógicas para replicar la huerta o monitorear quebradas.
Un modelo que inspira
"Raíces del Paraíso" no es solo nostalgia: es un manual de soberanía urbana. Mientras Bogotá enfrenta crisis ambiental y fragmentación social, este barrio enseña que la respuesta está en organizarse, recordar y reverdecer. La plataforma —creada con herramientas libres— prueba que la tecnología, cuando se arraiga en lo local, puede ser semilla de revolución pacífica.
El proyecto sigue abierto: invitamos a compartir fotos antiguas, a unirse a las mingas de siembra o documentar nuevas historias. Porque en El Paraíso, el futuro se construye regresando a las raíces.
Se puede ver el proyecto dando clic aquí.
La educación popular para la protección del medio ambiente

Una plataforma digital rescata la identidad de El Paraíso (Bogotá) a través de fotomuseos, huertas humanitarias y la defensa del agua.

Entre ritmos y rebeliones narra las raíces musicales, la comunicación que se construye a través de las tradiciones ancestrales de ritmos del Pacífico colombiano, ritmos reconocidos por los nombre de Currulao y Abuzao, que construyen la representación cultural de un pueblo que ha luchado por generaciones por proteger su legado.
Este proyecto conecta las relaciones humanas más emocionales, las que surgen cotidianamente, con los ritmos de la cultura. Es un viaje inmersivo en una región rica en fauna y flora, rica el gastronomía, pero aquí se destaca sus armonías y melodías.
En este enlace puede profundizar en los contenidos.