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Sección

DIGITALIA

El lenguaje de bits dentro del código binario, requiere la participación desde lo pedagógico ofrecido comunidades para fomentar la apropiación tecnológica.

Narrativas mediáticas en tiempos de postdigitalidad

O cómo se cuenta el cuento hoy

Por: Diego Mauricio Loaiza Parra

Docente

Facultad de Comunicación

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El colapso del entramado mediático tradicional va más allá de una simple sustitución de soporte técnico, y se ubica como una mutación ontológica de las condiciones de producción del discurso. Durante décadas, la teoría crítica latinoamericana —articulada brillantemente por Jesús Martín-Barbero— sostuvo que la matriz simbólica de la comunicación residía en las mediaciones culturales: aquel tejido comunitario, territorial e histórico donde los sujetos negociaban, reinterpretaban o subvertían los discursos de las industrias culturales.

Esa arquitectura conceptual se esfumó por los aires en el instante en que las mediaciones se empezaron a desplazar desde el espacio simbólico de la plaza pública hacia la infraestructura opaca de los algoritmos de recomendación y los sistemas inteligencia artificial generativa.

Lejos de configurarse como un asunto instrumental, los grandes modelos probabilísticos de lenguaje irrumpen como agentes de producción discursiva automatizada. La hipótesis sobre las narrativas mediáticas -como articuladoras de la sensibilidad de una época- presuponía un emisor (con finitud humana desde lo corporativo o institucional) entablando un pacto de lectura con una audiencia capaz de disputar el sentido.

¿Qué ocurre cuando la voz emisora se disuelve en miles de millones de vectores estadísticos? Se instaura la condición posdigital. Este estadio, teorizado por Kim Cascone y Florian Cramer, prescinde de la dicotomía entre lo analógico y lo virtual para definir un presente donde la informática y lo sintético constituyen la atmósfera invisible e ineludible de la experiencia cotidiana. La disputa epistemológica contemporánea deja de residir en el canal de transmisión y se sitúa frontalmente entre la huella humana —situada, contingente y encarnada— más la hiperproducción de artefactos culturales calculados por optimización matemática.

El recorrido por la genealogía de las pantallas revela el desmantelamiento sistemático de los marcos de referencia colectivos. La era de la radiodifusión y televisión masiva junto a la recepción sincrónica construyó un texto social compartido sobre el cual la ciudadanía ejercía deliberación pública. Posteriormente, la convergencia digital analizada por Henry Jenkins prometió la emancipación del "prosumidor" dentro de una red horizontal y “democrática”.

Sin embargo, como argumenta Johanna “José” van Dijck al examinar la economía de las plataformas, la arquitectura pública de la web terminó cercada por monopolios corporativos orientados a la captura extractiva de la atención.

El salto de las mediaciones algorítmicas de distribución a la producción sintética en tiempo real consolida un esquema inédito: la transición desde el "uno a muchos" masivo y el "muchos a muchos" de la red hacia el "algoritmo a uno". La narrativa se modela dinámicamente para apelar a las fijaciones emocionales del perfil individual, borrando la dimensión del cuerpo y desmaterializando la huella del acontecimiento que Roland Barthes identificó como la sustancia misma de la imagen.

Semejante hiper-individualización engendra la trampa de la hiper-redundancia. Los modelos generativos, carentes de vivencia histórica, funcionan mediante la predicción de la unidad semántica más probable en una secuencia de datos. Esta lógica distributiva desemboca en un aplanamiento estético generalizado, se trata de una uniformidad en donde miles de relatos, imágenes y videos que comparten formas sintéticas clonadas, montajes cuasi-hipnóticos diseñados para anular la pausa y estructuras gramaticales despojadas de arraigo territorial. Esto configura un bucle o loop donde la cultura sintética-generativa se realimenta de sí misma, erosionando la ambigüedad poética, la divergencia crítica y el error creativo.

Al mismo tiempo, la experiencia multipantalla y el ecosistema de la economía de la atención fragmentan la capacidad cognitiva de contemplación y análisis profundo. Incluso, Byung-Chul Han ya expuso la forma en que la aceleración de estímulos y la gratificación dopaminérgica instantánea destruyen el espacio para la memoria colectiva.

Desde allí, la comunicación política, pública y corporativa abandonan las grandes construcciones simbólicas para confinarse en micro-relatos artificiales altamente polarizantes. La erosión del horizonte común de realidad está fracturando el tejido social, convirtiendo la esfera pública en una suma de burbujas solipsistas gestionadas por agentes conversacionales.

En ese sentido y ante la automatización de las tareas ejecutivas y la devaluación del valor de la generación de información, debemos procurar que la praxis profesional en la consultoría estratégica, la docencia y la comunicación popular reclamen y estén presentes en ese giro radical hacia la curaduría de sentido y la arquitectura ética de la información.

Incluso, en los territorios donde la comunicación para el cambio social y la construcción de paz han constituido herramientas de emancipación, la irrupción de sistemas entrenados con sesgos eurocéntricos amenaza con imponer una nueva colonización de la memoria colectiva. Por eso, defender la soberanía narrativa exige desobedecer los patrones de fábrica del código informático para afirmar el valor irremplazable del testimonio presencial.

Es importante tener en cuenta que la pedagogía del campo de la comunicación requiere superar el adiestramiento instrumental en herramientas de software para fundarse en la alfabetización algorítmica crítica. Las aulas universitarias están llamadas a convertirse en espacios donde el análisis semiótico y la formulación de preguntas incómodas prevalezcan sobre la inmediatez de las respuestas automatizadas.

La palabra, la imagen y el texto recuperan su potencia disruptiva únicamente cuando reafirman la profundidad de la experiencia humana frente a la tiranía del cálculo probabilístico y allí las pantallas del presente demandan cuerpos, geografías y verdades capaces de sostener el peso del acontecer. En la encrucijada donde el algoritmo aspira a monopolizar la producción ontológica del discurso, la comunicación reafirma su potencia emancipadora no mediante el sometimiento al código, sino a través de la desobediencia poética y la defensa innegociable de la memoria viva.

 

Esta historia continuará…

La Voz del Ahorrador: Lo que Realmente Piensan los Colombianos de sus Fondos de Cesantías

Una análisis realizado por estudiantes de la Especialización en Gerencia de multimedia y comunicación digital revela los hábitos de consulta, los canales preferidos y las principales demandas de información de los afiliados, marcando la ruta para mejorar la comunicación y el servicio.

Por: Maria Camila Landinez, María Paz Cubides, Mateo Florez y Carlos Sandoval

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Dashboard creado a partir de la encuesta realizada por los estudiantes.

Más allá de las cifras de saldos y afiliación, entender la experiencia del usuario es clave. Una reciente encuesta nos permite escuchar directamente a los afiliados, descubriendo cómo interactúan con su fondo, qué esperan de él y en qué puntos hay una oportunidad clara de mejora.

1. Consulta Esporádica: Un Llamado a la Acción

La mayoría de los afiliados consulta su saldo de manera poco frecuente. Un 40% lo hace de forma semestral o anual, y un significativo 16% declara no consultarlo nunca. Esto no indica desinterés, sino una oportunidad para que los fondos generen recordatorios y contenido que motive una revisión más periódica.

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2. El Canal Reina: La Página Web

Al momento de consultar, la página web del fondo es el medio predominante, usado por más del 60% de los encuestados. Las aplicaciones móviles y el correo electrónico son canales secundarios. Esto refuerza la necesidad de mantener plataformas digitales robustas, intuitivas y con información clara.

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3. La Información que Exigen: Inversión y Rentabilidad

Cuando se pregunta por el tipo de información que desean recibir, la respuesta es contundente. Los afiliados quieren saber cómo hacer crecer sus ahorros. Los conceptos más solicitados son:

Posibilidades de Inversión

Rentabilidad de las Cesantías

Saldo de Cesantías

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4. WhatsApp y Correo: Los Canales de Comunicación Deseados

Existe una clara preferencia sobre cómo quieren que los fondos se comuniquen con ellos. WhatsApp y el Correo Electrónico son los canales favoritos, muy por encima de las redes sociales tradicionales. Los afiliados buscan comunicación directa, personal y que llegue a sus medios de uso diario.

5. Redes Sociales con Propósito: Educación sobre Inversión

Para una mayoría, la presencia en redes sociales es "Importante" o "Muy Importante". Sin embargo, no buscan entretenimiento, sino valor. El contenido más deseado es "Consejos de Inversión" e "Información Financiera". Piden claridad, educación y tips útiles para gestionar su ahorro.

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Dashboard creado a partir de la encuesta realizada por los estudiantes.

Cerrando la Brecha de Comunicación

La voz del afiliado pide una relación más cercana y útil. Las sugerencias recogidas apuntan a una necesidad universal: "Más educación, menos trámites". Piden portales más intuitivos, menos presencialidad, respuestas rápidas y, sobre todo, educación constante sobre cómo usar y hacer crecer sus cesantías.

El mensaje es claro: el futuro de los Fondos de Cesantías pasa por transformarse de administradores silenciosos a asesores financieros cercanos, proactivos y educativos.